Cuando la morriña viene antes de tiempo: Un día en Santiago

Hace unas pocas horas que estaba arrastrando mi maleta por las empedradas calles de Santiago y al pasar bajo el arco del Palacio de Xelmirez, las notas que el siempre eterno gaiteiro arrancaba de su gaita han hecho que se me humedecieran los ojos por la pena de no querer marcharme.

El frío y la oscuridad acompañaban esas notas aún cuando ya había dejado atrás el Obradoiro y bajaba hacia San Clemente.

No se que tendrá esta ciudad que desde niña tiene una poderosa atracción sobre mi. Con el paso de los años me he ido enamorando poco a poco de ella , y hoy he tenido claro que nuestro idilio va para largo.

En menos de 24 horas, la he exprimido y disfrutado cada segundo que he pasado en ella.

Y ahora mismo, no puedo quitarme esta canción de la cabeza

No llueve en Santiago, pero sí en mi corazón

4 comentarios en “Cuando la morriña viene antes de tiempo: Un día en Santiago”

  1. Me encanta Santiago. Aquí estudié , me enamore, y vieron la luz del día cerca de la Catedral mis hijos, es una ciudad que me envuelve, y me atrapa. Y yo me dejo ir.

  2. Compostela deja huella en cuanto la conoces, si además tienes la suerte de vivir allí una temporada (como me pasó a mi) entonces ya nunca se te borra del alma. Y entonces necesitas volver a ella de cuando en cuando, aún sabiendo que cada vez que la dejes atrás la echarás más y más de menos.

    Jota.

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