Cuando se cierra la casa de la aldea por primera vez despues de que su último habitante haya muerto, se cierra tambien una parte de la vida. De la vida de la casa , y de la vida de quien la cierra. Algo se rompe dentro.
Dentro quedan las risas, las anécdotas vividas, los suspiros, los lamentos, la VIDA que ha formado la columna vertebral de quien allí nacieron, habitaron o la disfrutaron.
Cuando vuelves a abrirla, pasados unos meses, las lágrimas asoman a los ojos y la desazón se adueña del corazón. Con el tiempo , el dolor se mitiga, pero la sensación de falta y ausencia, y de cierta tristeza, se remueven dentro del corazón. Al menos en mi caso.
Vuelves de vacaciones cada año, y cada vez falta más gente. Y quizá sea una nostálgica que vive anclada en el pasado, pero qué bonito era ver la aldea llena de gente, las casas, los prados, los caminos… Ya no queda nada.
A veces pienso en si en una realidad paralela, no seguirán allí, viviendo su dia a dia ajenos a la muerte, con sus vidas y sus quehaceres diarios.
La realidad es que , quitando unos pocos años en mi adolescencia que renegaba de ir de vacaciones a Galicia (la tontería creo que no me duró más de tres años) , para mi volver a la aldea, a Mestre , siempre ha sido volver a casa. Y volver a ver cada año a los vecinos era como ver a mi familia. Lo sigue siendo y así seguirá siendo mientras Mestre exista y me los siga encontrando allí o donde sea.
A pesar de que la aldea entre cada vez más en una nueva etapa, la del silencio.
“Se acaba una generación”
Esta frase tan certera como desgarradora la ha escrito hoy mi querida prima Estibaliz. Van muriendo los últimísimos vecinos de la aldea, de la generacion de nuestros padres, y cada vez se cierra más esa puerta al pasado, a la historia de ese pedazo de tierra que , queramos o no, llevamos en la sangre y nos marcará de por vida.
La aldea cada vez se va quedando más sola, más triste, más apagada. La aldea ya es cada vez más recuerdo y menos real.

A la hora de escribir estas lineas Jovita apenas lleva unas horas descansando en su nicho. Bajo la lluvia. Escribo con el corazón en un puño. La conozco de toda la vida. Era uno de mis últimos anclajes a Mestre. Como hoy me ha dicho uno de sus hijos “Xa non a verás máis”.. y he roto a llorar.
Tengo infinitios recuerdos con ella. Toda una vida. Pero atesoraré para siempre con muchísimo cariño el pasado verano. Algunas tardes me iba a verla a su casa. Pasábamos un rato juntas, ejercíamos de cotillas supremas al escuchar un coche y asomarnos a ver quien era “Quen ven ahi?, mirábamos a los gatos jugar, dejábamos pasar las horas …
El verano pasado fue el primero en mi vida que me atreví a moverme sola por la aldea, sin miedo a que viniera un perro.
Gracias a Pastor, llevo mejor mi fobia a los perros. Gracias al cáncer, he superado muchos miedos. Por eso me iba sola hasta su casa a visitarla.
Recuerdo el que dia que la desperté de la siesta. Poco a poco vino a abrirme la puerta, Me supo mal pero nos lo pasamos bien ese día. Nos hicimos una foto super divertida, ella toda despeinada y yo con unas pintas que son para verme. Se la enviamos de cachondeo a mi amiga Mariajo, su hija. Yo llevaba un pañuelo al cuello. Jovita me dijo que ese pañuelo me quedaba bien. Los de los otros días no le gustaban tanto. Pero ese sí. Ni que decir tiene que ese pañuelo me acompaña mientras escribo estas lineas….Y esa foto.
No quiero pensar en la tristeza del día que vuelva a Mestre y pase por delante de su casa sabiendo que ella ya no estará mas.
Como ha pasado tantas otras veces a lo largo de los años. Solo que esta vez, ella era una de las últimas de su generación, si no, la última, que aún vivía en la aldea.
El día que volvamos a hacer otra Xuntanza, que la haremos, nos faltarán demasiados…
Le contaba a mi psicooncóloga la semana pasada que me costaba mucho sentir y por eso me costaba mucho escribir… Hoy de pronto he sentido la necesidad de ponerme a escribir.
Es la única forma que se me ha ocurrido de rendirte homenaje Jovita. Descansa en Paz.